Japón, Corea, Taiwán, patria imaginaria: Es a los jóvenes no ABC1 lo que fue París o Nueva York para la élite.Sueño cultural en el que funden fantasía narrativa (el manga, el animé) ludopatía (los videojuegos) gastronomía, moda. Un espacio en el que se reconocen y que amplía las posibilidades de su cuerpo, de su lengua. Lo sabía “la Abuela” Jiles[1] cuando corrió en el Congreso encarnando a Naruto; lo supo siempre, hasta la extenuación, la tía Pikachu[2]. Ese vasto continente asiático aparece como un lugar en el que la tradición milenaria y la tecnología de punta se hermanan para crear fantasías o pesadillas en las que deambulan los monstruos y los dioses de una mitología pop. New religion.